Las diferentes interpretaciones del Quijote son tantas que no merecen introducción: al grano y que lo disfruten. Debería pedirles perdón por la falta de academicismo; pero la verdad es que me supone bastante poco lo que piensen de ella en comparación con la riqueza que se obtiene al compartir y discutir el conocimiento recuperando la dialéctica.
Espero que dé algo que pensar…
Todo objeto se convierte en un mero vehículo de paranoia compensatoria en la que la ignorancia de Sancho actúa como retroalimentación. El refuerzo que aporta Sancho al Quijote es contingente a la incapacidad inicial del paleto para ser lo que no es; es decir, la elaborada fuga mental del Quijote se sostiene en la incapacidad para soportar el mundo que le rodea en su falta de idealismo absoluto y el resorte que dispara su delirio disociativo es el contacto con esa realidad misma (sentimiento religioso).
Sancho le proporciona este contacto continuo con la realidad.
En un principio (es el comienzo de la quijotización de Sancho y la sanchificación de Quijote) el delirio del Quijote fundamenta su razón existencial en la presencia del mundo al que representa Sancho.
Quijote podía ser loco (y ni siquiera eso; mas la lengua obliga al consenso); pero en absoluto tonto. Sabía que escogía a un ser único, a otro loco: si el loco se distingue por un comportamiento anormal (en sentido estadístico), la ignorancia salva a su poseedor de toda normalidad incluyéndolo de golpe en otra especie de locura (fe). Esta locura mantendría los papeles en su sitio de una manera más duradera a la que lo haría otro método.
Eligió bien a su discípulo, lo adoctrinó con el ejemplo y le prometió toda una suerte de paraísos insulares hasta el lecho de su muerte, hasta ese último Eli eli en el que renuncia a su divinidad de Quijote y se somete a la insoportable realidad de don Alonso para morir bajo su peso clavado en una cama por aquellos entre los que vivía no sin antes soltar una coletilla inocente para su nombre: Alonso Quijano “el Bueno”: Otra crítica más a las suposiciones sociales de bien y mal. El bueno socialmente es el que muere o se resigna a morir sólo por no molestar a una masa aborregada e indigna en su uniformidad que no tiene ni la valentía de ser deformidad (si sólo molestase a la deformidad no sería perseguido).
Su discípulo creyó en él, abandonó su casa, sus bienes y su mujer y partió en pos de una vida mejor que la terrena.
El Quijote como metáfora del cristianismo o cualquier otra religión mesiánica…
Volviendo al tema central: la desquijotización de Alonso Quijano es un fenómeno igualmente interesante. Sólo podía darse después de la quijotización de Sancho: extinguiendo el refuerzo principal, la conducta disminuye su frecuencia.
Sancho sigue a su maestro hasta el fin: lo único que varía es la causa de su fe:
Primero lo sigue por interés, es decir, por conseguir el paraíso insular; sin embargo, la quijotización rompe con su esquema lógico y de repente lo libera de las ataduras del mundo.
Sancho se libera de la conducta social (mundo terreno) al obedecer unas leyes que están fuera de él (salvación): la ignorancia y la iluminación sólo se diferencian a ojos del profano en la vehemencia de la afirmación.
Mientras Quijote necesita un refuerzo externo para justificar su paranoia, la fe de Sancho en esta realidad de su maestro pasa del interés material a la entrega absoluta incondicionada: el proselitismo ha llegado a buen fin y, una vez extendida la enseñanza y asegurada su pervivencia a modo de virus (enfoque biológico), el huésped del mismo muere y el papel del portador reencarna en Sancho.
De la literatura pasamos a la psicología, de ahí a la religión y de ahí a la biología.
¿ No será que todo está muy relacionado y nuestras divisiones formales de las asignaturas no son más que otro placebo para que los uniformemente sociales no se agobien con tanto caos y acaben recurriendo a la quijotización?