Meine Wut will sterben

Hay momentos en la vida en los que resulta duro llevar la tristeza; pero la vida de cualquier ser sintiente contiene muchos momentos tristes. El corazón (por llamarlo de alguna manera) se acaba haciendo duro frente a la tristeza y percibiendo esos sucesos como simples cambios que comportan un duelo, un nuevo sentido, unas pérdidas y también nuevas oportunidades.

Trabajar con la tristeza hace de ella una emoción permisible y hasta útil si se aprovecha para encontrar los orígenes de la misma y mejorar como personas.

Hay otros momentos en los que la tristeza da paso a otra emoción más animal, más primitiva: el odio.

El odio surge como respuesta a una amenaza a la realidad física o psicológica (ego) o bien como respuesta a un sentimiento profundo de injusticia o de menoscabo de la calidad de vida por causa de otro ser. Puede surgir también por la persistencia del elemento motivante de la tristeza.

El odio hace perder la estabilidad, inyecta pensamientos obsesivos, negativos; pero por sí solo no es capaz de cambiar nada: sólo es un torrente de fuerza animal.

En contextos más primitivos, no tan lejanos e incluso presentes todavía, el odio cumplía una función orgánica y vital: la inyección de adrenalina y hormonas para la defensa, la huida o el ataque.

El problema se da en las socidades desarrolladas en las que el odio no está contextualizado, canalizado ni permitido socialmente, a no ser que se dirija hacia las dianas previamente fijadas por el estado-sociedad. Las nuevas atribuciones del ego hacen sentir como ataques físicos los ataques a los objetos mentales adscritos al ego; una mente que intenta defenderse de otra lanzando objetos mentales contra ella misma: una estupidez completa.

De Friedrich Nietzsche: “Para llegar a ser sabio, es preciso querer experimentar ciertas vivencias, es decir, meterse en sus fauces”.

Esta es la manera en la que he aprendido personalmente qué es el odio; lo he experimentado en mis carnes, en mi sangre, desde el estómago hasta la coronilla, por las mañanas y por las noches.

Hasta que me he saturado, me he hartado de odiar, he visto su inutilidad profunda, su cara insconsciente.

Como decía Nervo: “¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, …pero no la aborrezco!” ¡Cuánto me ha costado entender la sabiduría de estas palabras! ¡Cuántos cabezazos contra molinos de viento, inútiles descargas de ira!

Recuerdo una lectura de un sabio zen que aconsejaba “soltar las emociones dañiñas como se suelta un carbón ardiente de la mano”.

El odio puede ser reconvertido en motivación; pero el paso previo es el control de la mente, recuperar la consciencia en medio de este samsara.

Una nueva luz va apareciendo en mi interior desde esta experiencia, algo nuevo. Gracias a la existencia por todo lo que me ha dado y por todo lo que me ha quitado.

Alles in Butter.

Publicado en  on Febrero 4, 2010 at 10:07 am Dejar un comentario
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Alles in Butter

La casa está vacía. Mi hijo duerme; lo velo. Se despierta; juego con él: todavía no puede entender…

Levanto mi cabeza para empezar otra semana, fuera de la casa que hice con mis manos. Debo devolverlo hoy por la tarde. El viento silba en las ventanas.

Hoy estoy, hoy soy leve, hoy soy yo, hoy soy libre

Hoy recogeré todas mis fuerzas, reuniré las tropas de mi cabeza y me lanzaré a por el mundo como un samurai: sin esperar regresar. Ya no hay casa a la que volver, sólo batallas que ganar.

Mi cuerpo se ha curtido, el exceso de peso ha desaparecido de todos los aspectos, mi cabeza se ha aclarado y la vida abre su camino a los audaces.

“Lo que no me mata me hace más fuerte” El tío Federico.

(y me permito apostillar que esto casi lo consigue)

Publicado en  on Noviembre 1, 2009 at 9:21 am Comentarios (1)

Vagos y maleantes

¿Qué haré esta tarde?

Tal vez mirar un poco más allá del vaporoso velo del atocinamiento colectivo.

Afinar el oído hasta los más agudos lamentos del llorón violín, o dormitar entre los bajos del cello… No, no voy a escuchar ópera hoy…

Hundirme con Ofelia sólo por probar…

Quizá, ya con los ojos rojos de tanto frotar (como algunos anuncios de detergente), me haya dado cuenta de que lo que pasa ahora sí está pasando de verdad: y lo mejor de todo: que es un plato de mi propia cocina.

O no… ¿y si no he cocinado nada? ¿y si el sujeto y el objeto tienen la misma causalidad recíproca?

Algo de verdad hay en todo; y por tanto algo de mentira también.

 

¡Ya sé lo que me pasa…! es más simple que todo eso y más crudo: vivo entre muertos como el niño de “El sexto sentido”. O quizá estamos todos muertos como en “Pedro Páramo”.

No, sigo sin saber que pasa realmente; pero noto un regusto nauseabundo a humo ácido de cigarrillo reseco.

 

Como anunciaba aquella profética pintada en la fachada de un centro comercial “Vuestras vidas son una mierda, y lo sabéis”… qué poco duró esa pintada: las demás permanecen indelebles gracias a su inocencia.

Lo peor de aquella pintada era la segunda parte: “… y lo sabéis”.

La primera afirmación cutre y panfletaria se redime en su matización; dedicada a la parte del alma que todavía se retuerce en cada ciudadano de provecho: “… y lo sabéis”.

 

…Lo que sé es que me apetece un Ribera del Duero fresco, estrenar un tintero verde y un plumín de calibre fino sobre algún papel amarillento con buen gramaje, de espeso y poroso envejecido, a ser posible compartido y rematado con alguna mancha de café solo muy caliente, un cigarrito aromático y algún interlocutor de gusto afín…

Crear un microclima en el que las precipitaciones de ideas encuentren una tierra espesa con olor a ozono y germinen en un bosque irracionalmente bello: aquí las partículas elementales en espiral y allí un soneto, ahora un virus como vector biológico y luego el desarrollo de una trama novelesca casi perfecta.

 

Bueno, a falta de todos estos refinamientos me conformo con el interlocutor y un boli de la tienda de baratijas. Un interlocutor más sabio del que aprender nuevos caminos.

 

¡Diógenes! ¡Préstame la linterna y te regalaré unos antidepresivos!

 

Esta tarde tampoco haré nada de provecho “…y lo sabéis”.

Publicado en Sin categoría on Abril 22, 2008 at 5:25 pm Dejar un comentario

Se educará entre gusanos…

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El estudiante se limita a memorizar unas materias que no responden a preguntas indígenas de su propia curiosidad; por lo que no son verdades, no satisfacen el anhelo profundo de la persona. El ser estudiante es una falsificación de la persona; porque el hombre sólo puede ser lo que es por íntima necesidad.
El creador de ciencia siente la necesidad de dar respuesta a cuestiones por las que siente devota preocupación. Su necesidad es pura, indígena e inmediata: existe sin que tenga que existir el remedio para su curiosidad y es esa curiosidad, en el buen sentido de la palabra, la que le lleva a la creación de la ciencia.

¿Y qué es ciencia? La satisfacción de esa pulsión individual hacia un saber. La ciencia debe originarse dentro: estar viva.

Un ejemplo de lo contrario puede ser el sistema de educación (adocenamiento) vigente: comer cadáveres conceptuales sin necesidad de ellos para luego regurgitarlos y dárselos a otros… volviendo al título: entre gusanos.

Publicado en  on Enero 3, 2008 at 7:01 pm Dejar un comentario

A Rammstein… So koch das Blut in meinen Lenden…

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Así hierve la sangre en mis sienes al escuchar a este grupo. Sus canciones resuenan según el día. Trágicas “Ohne Dich”, “Nebel”… y las salvajes, las que sirven tanto para despertarse aterrando a los dioses como para celebrar la santa misa de las pesas endureciendo como el hierro el músculo antes fofo…

“Benzin” para las neuronas del cerebro instintivo profundo, el que desgraciadamente involuciona si no se desintoxica de Sócrates y todos sus actuales secuaces.

“Spring” y no niegues que lo deseas; aunque tu conciencia te chille… sólo un poco más fuerte y ya llegarás a la locura más nítida.

“Morgenstern” enigmática y candente que me a elevado entre sus coros en momentos de éxtasis etílico para sublimar la nicotina y el alcohol en versos borrosos alguna noche fría.

Qué dificil resumir todo lo que representan sus temas…

La mayoría de las almas tienen una voz y, entre esas voces, las hay que cuentan sus heridas del patio del colegio (las que no me interesan) y otras (las menos y más jugosas) enseñan sus cicatrices sanadas de guerra: sólo hay que saber escucharlas con precisión.

Saludos al que no me entienda, seguro que es el que lo ha hecho de verdad.

Publicado en  on Diciembre 27, 2007 at 4:54 pm Dejar un comentario
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Nostalgia futura

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El sol de 1984 queda muy lejano. Allá por un otoño de las nostalgias. El patio del colegio olía a frío, pelota, silbato y bollicaos. El tiempo del no-tiempo, de la percepción pura antes de la mala educación.

Luego… el juicio fue instaurando su dominio con las reglas de fuera y los capones de los maestros… otro avemaría, tres copias de la tabla del siete. Tengo ganas de hacer de cuerpo; pues te esperas al recreo… y nunca había papel higiénico: las madres nos metían un paquetito de pañuelos en la mochila.

Las mochilas, recipientes de esencias… forro nuevo transparente (marca de madurez, junto con usar boli en vez de lápiz). Si te equivocas no puedes borrar.

Llegada la etapa incierta en la que empiezas a enterarte de menos de lo que te enterabas te vuelves más tonto entre los tontos.

Los ángeles de la guarda ya no te escuchan; comienzas a plantearte que no los haya.

Conceptos de trabajo, dolor, competición y muerte: muy pequeño para pensar eso; “porque en mis tiempos”… Y pasas a comprender de manera unitaria y personal que los tiempos cambian sólo para los jóvenes que no han nublado su visión con el muro del departamento estanco madurez. Algún día, mis tiempos serán un pozo inaccesible en el que no haya más progresión: sólo un continuo de existencia en el que rezar el rosario de mis tiempos. Un estribillo cansado, una canción de campamento que se repite hasta la saciedad para no desplomarte tras cuarenta kilómetros sin saber cuánto queda.

Jorge robó pan en la casa de San Juan… una casa que queda muy lejos, un delito prescrito que aletea dentro de la nostalgia sin saber quién lo capturó de su rama con liga ni por qué nos siguen sonando las tripas después de, supuestamente, haberlo comido. Yo no fui.

¿Y entonces quién? (Helheim 2007)

 

Publicado en  on at 4:15 pm Dejar un comentario

Relato hiperbreve

El perro nunca supo por qué el hombre al que mordía se llevó a la familia por la ventana: el fuego los ilumina. (Helheim 2007)

Publicado en  on at 4:07 pm Dejar un comentario

Locura laboral

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La música clásica de las centralitas telefónicas en espera me hace imaginar un futuro productivo lleno de uniformes limpios y planchados al servicio de la empresa.

Corbatas también planchadas sobre camisas blancas salen de la cocina grasienta para llenarse de humos.

Un trato demasiado cordial y formulario para rellenar antes de salir a la puta calle.

Delicias laborales servidas en bandeja de contrato con alta en seguridad social: no vaya a ser que me sienta socialmente inseguro. Pasen y vean en estos metros cuadrados lo poco que hay que ver; porque tampoco puedo pagarlo y aspiro a dejarme un “no puedo” cada noche al filo del sueño.

La salida del trabajo es un cambio de salón para seguir produciendo no sé qué para no sé quiénes.

La fachada de la universidad es otra expendeduría de papeles: cadáveres de árboles amazónicos que certifiquen mi adaptación al entorno psicótico. La prueba irrefutable de la autoanestesia previamente aceptada que rezuma el fruto anhedonista sin estoicismo ni locura, un balance perfecto entre el ser y su entorno barriendo un poco más para el segundo: no hay que aislarse.

Conversaciones y gentes, mareas en corrientes que entran y salen cada uno con su vida bajo el brazo o buscándola o persiguiéndola o esperándola.

Aprendo a respirar este aire enrarecido de las rendijas de ventilación del metro, abandono el whisky porque no me quita la sed y me quedo mirando el vaso vacío, que es bonito.

El día llega a su fin, todavía no lo he descubierto; pero estoy muy bien educado en irme a la cama; rezar para dar gracias y esperar a que el despertador blasfeme contra natura mi condición innoble, mi castigo divino de la producción y el destino de las proteínas de mis dedos que se contraen sobre un teclado monocorde en aras del bienestar, de la paz entre los pueblos, del sistema sanitario, de la justicia en el mundo, del último fichaje y de la rendención de las almas previo marcaje de la casilla correspondiente en la plantilla de la declaración de la renta.

Publicado en  on Diciembre 26, 2007 at 7:51 pm Dejar un comentario

Quijote y religión

quijote.jpgLas diferentes interpretaciones del Quijote son tantas que no merecen introducción: al grano y que lo disfruten. Debería pedirles perdón por la falta de academicismo; pero la verdad es que me supone bastante poco lo que piensen de ella en comparación con la riqueza que se obtiene al compartir y discutir el conocimiento recuperando la dialéctica.

Espero que dé algo que pensar…

Todo objeto se convierte en un mero vehículo de paranoia compensatoria en la que la ignorancia de Sancho actúa como retroalimentación. El refuerzo que aporta Sancho al Quijote es contingente a la incapacidad inicial del paleto para ser lo que no es; es decir, la elaborada fuga mental del Quijote se sostiene en la incapacidad para soportar el mundo que le rodea en su falta de idealismo absoluto y el resorte que dispara su delirio disociativo es el contacto con esa realidad misma (sentimiento religioso).

Sancho le proporciona este contacto continuo con la realidad.

En un principio (es el comienzo de la quijotización de Sancho y la sanchificación de Quijote) el delirio del Quijote fundamenta su razón existencial en la presencia del mundo al que representa Sancho.

Quijote podía ser loco (y ni siquiera eso; mas la lengua obliga al consenso); pero en absoluto tonto. Sabía que escogía a un ser único, a otro loco: si el loco se distingue por un comportamiento anormal (en sentido estadístico), la ignorancia salva a su poseedor de toda normalidad incluyéndolo de golpe en otra especie de locura (fe). Esta locura mantendría los papeles en su sitio de una manera más duradera  a la que lo haría otro método.

Eligió bien a su discípulo, lo adoctrinó con el ejemplo y le prometió toda una suerte de paraísos insulares hasta el lecho de su muerte, hasta ese último Eli eli en el que renuncia a su divinidad de Quijote y se somete a la insoportable realidad de don Alonso para morir bajo su peso clavado en una cama por aquellos entre los que vivía no sin antes soltar una coletilla inocente para su nombre: Alonso Quijano “el Bueno”: Otra crítica más a las suposiciones sociales de bien y mal. El bueno socialmente es el que muere o se resigna a morir sólo por no molestar a una masa aborregada e indigna en su uniformidad que no tiene ni la valentía de ser deformidad (si sólo molestase a la deformidad no sería perseguido).

Su discípulo creyó en él, abandonó su casa, sus bienes y su mujer y partió en pos de una vida mejor que la terrena.

El Quijote como metáfora del cristianismo o cualquier otra religión mesiánica…

Volviendo al tema central: la desquijotización de Alonso Quijano es un fenómeno igualmente interesante. Sólo podía darse después de la quijotización de Sancho: extinguiendo el refuerzo principal, la conducta disminuye su frecuencia.

Sancho sigue a su maestro hasta el fin: lo único que varía es la causa de su fe:

Primero lo sigue por interés, es decir, por conseguir el paraíso insular; sin embargo, la quijotización rompe con su esquema lógico y de repente lo libera de las ataduras del mundo.

Sancho se libera de la conducta social (mundo terreno) al obedecer unas leyes que están fuera de él (salvación): la ignorancia y la iluminación sólo se diferencian a ojos del profano en la vehemencia de la afirmación.

Mientras Quijote necesita un refuerzo externo para justificar su paranoia, la fe de Sancho en esta realidad de su maestro pasa del interés material a la entrega absoluta incondicionada: el proselitismo ha llegado a buen fin y, una vez extendida la enseñanza y asegurada su pervivencia a modo de virus (enfoque biológico), el huésped del mismo muere y el papel del portador reencarna en Sancho.

De la literatura pasamos a la psicología, de ahí a la religión y de ahí a la biología.

¿ No será que todo está muy relacionado y nuestras divisiones formales de las asignaturas no son más que otro placebo para que los uniformemente sociales no se agobien con tanto caos y acaben recurriendo a la quijotización?

Publicado en  on at 6:40 pm Dejar un comentario

Seemann « La guarida de Zarathustra

Publicado en  on at 5:31 pm Dejar un comentario

Seemann

El capitán está agarrado a un madero, lejos de la orilla. Peces desconocidos le mordisquean los pies bajo el agua. Todavía con su gorra puesta se susurra una letanía: “choqué contra una estrella, choqué contra una estrella. ¿Qué hacía mi estrella en el mar? La estrella estaba en el cielo, alejada y presente. Su brillo guiaba este barco de un puerto a otro, hasta que quiso acercarse a contemplar la pequeñez de este barco y su guía. No pudo contener su peso y cayó al agua encima de mi barco. Ya no hay barco, ya no hay estrella que seguir”. Es tan hondo el mar que navega la estrella a medio apagar. De sus vapores incandescentes surgen figuras extrañas, nostálgicas, sinuosas, a veces con dientes alargados que se deshacen en la bruma con suspiros ahogados; otras, largas manos que se abrazan al descompuesto navío.

Llegan a ratos trozos de naufragio con letras medio borradas, aquí un trozo de proa, allá el timón…

La marea por fin lo arrojó a tierra con los pantalones rotos y los pies heridos: la sal escocía. Dejó su gorra encima del timón y dijo para sí: “si no hay barco no es necesario un capitán, sólo un hombre”.

La tierra por la que andaba era desconocida. Había recorrido tantas veces la misma ruta que sólo miraba el origen y el destino siguiendo a su estrella; nunca se detuvo a mirar las tierras que dejaba a babor y a estribor, simplemente, pasaban una detrás de otra.

Abandonó la playa hacia el interior. El olor del mar intenso iba dejando paso a un penetrante vapor de bosque recién llovido. Comenzó a oír ruidos de animales desconocidos, aullidos, graznidos. El suelo era blando y fangoso. Absorbía los pies al andar y hacía la caminata cansada.

Pero, ahora, el hombre sentiría sus propios pasos.

Publicado en  on at 5:27 pm Dejar un comentario

Al norte…

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 Desde la inocencia olvidada te grito una flecha por la niebla que cruce casi hasta el mar con olas: siempre al norte.

Vuelco mi corazón contra el viento de una soga, amarrado, y dejo de esperar tu cara ciega al ojo abierto que te mira.

Tarde deshecha en vaho y una piel endurecida tras el rayo.

Pierna tras pierna, la vida siempre ha estado donde está; marcho a otro ángulo…

Desazón en unos bolsillos con migas y un remiendo en la camisa por el que entra el frío.

¿Hay camino? Pues andando. Los sueños viven en las manos vacías.

Publicado en  on at 5:00 pm Dejar un comentario